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miércoles, 19 de mayo de 2004

kemex

Pensaba en la soledad del sembrador. No tiene compañía en su labor, solo la fidelidad de su trabajo al dueño de la siembra, es la garantía del resultado. El sembrador de la Palabra solo tiene a Dios como minucioso observador, pero generalmente, es terrible la soledad que experimenta al enfrentar una página en blanco, el micrófono dentro de una aislada cabina de radio, las cámaras y las luces cegadoras, con un oscuro e invisible estudio de televisión detrás, o una pantalla de computador y un teclado que no habla, ni aplaude ni da palmadas de aliento. No se crea que los que sirven al Señor Jesucristo siempre van a estar en una tarima con un público que ría a sus graciosos apuntes y aplauda a sus acertadas frases emotivas. No. Hay miles de anónimos sembradores o predicadores de la Palabra que muchas veces se preguntan si ha valido la pena sufrir tantas frustraciones, tantas humillaciones, tanto trabajo en soledad e incertidumbre humana. Muchos años en una labor no reconocida y aparentemente estéril, cansados de lanzar semillas sin saber lo que será de esa semilla. Generalmente no estará allí para ver el fruto de su trabajo. Otras personas, tal vez después de muerto el sembrador o de viajar éste a otros lugares, verán el fruto de su trabajo. Es un trabajo en silencio muchas veces, mal pago y hasta despreciado. Porque el sembrador no es el dueño del sembrado y no recibe las ganancias, solo su sustento y escaso sustento muchas veces. ¿Cuándo se ha visto al dueño del sembrado hacer una fiesta para agasajar a los sembradores? Las fiestas y agasajos son para los que recogen el producto y lo comercian (ni siquiera para el dueño). ("Y lo comercian", en el sentido que usted prefiera darle). Escribiendo desde la soledad de mi computador, no puedo ver su rostro hermano, no puedo saber si esta meditación al momento le produce fastidio, enojo o agrado, como tampoco puedo saber si producirá el buen propósito que la anima, pero sé que mi Señor Jesucristo, a quien realmente sirvo, no ignora nuestra labor, la vuestra y la mía, y también conoce las intenciones del corazón, si son para él o para nosotros, para nuestra vana vanagloria (perdonen esta última redundancia). Dios nos continúe bendiciendo y nos asegure la herencia eterna. Vicente Mercado Santamaría.
Cristianos en Acción Contendiendo ardientemente por la fe (Judas 3)
cristianos.en.accion.hoy@hotmail.com, viramers@hotmail.com Barranquilla, Colombia

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